martes, 23 de agosto de 2011

El santet del Poblenou

Poc se sap en realitat de Francesc Canals Ambròs, conegut popularment com el Santet del Poblenou. La seva làpida al cementiri de l’Est de Barcelona proporciona alguna de les poques dades incontrovertibles de la biografia, a saber, que va morir el 1899 amb 22 anys i uns mesos. Però la visita més elemental a la seva tomba –que està senyalitzada com a atractiu turístic– denota que, més enllà del currículum oficial, hi ha persones que continuen fent parlar fins i tot cent anys després d’estar morts i enterrats.
No hi ha cap tomba al cementiri del Poblenou que reuneixi tantes flors i exvots. Cap ni una. La tomba del Santet s’ha convertit en un lloc de pelegrinatge popular, a la recerca d’algun miracle quotidià, malgrat que no existeix cap beatificació. Una història i un individu massa atractius per passar desapercebuts a la literatura. L’escriptora Care Santos incorpora el Santet a la seva darrera novel•la: Habitacions tancades (...)


Més via karma-7.blogspot.com.

Jordi Magraner, un gran criptozoòleg català

El 2 d’agost de 2002 moria assassinat al districte de Xitral, al nord del Pakistan el zoòleg Jordi Magraner, als 43 anys d’edat. Magraner es va distingir per passar llargues temporades al Pakistan a la recerca de l’home de les neus. Però a diferència d'altres suposats investigadors, Magraner no era un indocumentat.
Durant 15 anys, el zoòleg, que treballava per al Museu Nacional d'Història Natural de París, va realitzar contínues expedicions a la regió -on acostumava a llogar una casa en un poble de la vall Kailash, a uns 40 quilòmetres de Xitral- a la recerca d’un supervivent dels nostres avantpassats que s’anomena a la zona barmanu (el gran pelut), la forma local de l’home de les neus. El zoòleg havia aprés als anys 80 el dialecte local i les seves investigacions sobre el terreny, qu seguien una rigorosa metodologia científica, semblaven asseverar l'existència d'aquesta criatura.
A Xhitral, Magraner va dirigir campanyes periòdiques destinades a obtenir proves de l'existència del barmanu. Així per exemple, a la campanya de gener a setembre de 1990 va recopilar 27 testimonis recents de trobades amb el pelut, incloent-hi 3 del mateix any. Les desenes de testimonis recollits retraten una estranya criatura de la mida d'una persona, amb cos rabassut i pelut i que camina sempre de forma bípeda. Segons aquests relats, la seva cara, desproveïda de pèl, deixa veure una gran nas xato, front fugisser, ulls grisos i coll gruixut.
Magraner va poder fotografiar les empremtes d’un barmanu adult i escoltar en un parell d'ocasions el seu característic crit ressonant a les valls flanquejades de muntanyes. Al costat d'altres investigadors francesos, Magraner va fundar l' Association Troglodytes (Associació Troglodites), amb la pretensió de trobar algun dia un exemplar viu de l'existència d'aquesta criatura.

(Via karma-7.blogspot.com)

Mor Sinesio Darnell

Sinesio Darnell, un dels gran divulgadors de les psicofonies i les psicoimatges dels Països Catalans, va morir el dilluns passat a L’Hospital de Barcelona.
Sinesio Darnell, natural de les Illes Balears, però establert des de feia molta anys a L’Eixample de Barcelona, era químic industrial, tècnic en microbiologia y diplomat en química oleícola, però la seva passió eren las transcomunicacions amb el més enllà en el que creia fermament.
Com autor va publicar en castellà Voces sin Rostro (1979), El Mundo de lo Intangible (1986) i El Misterio de la Psicofonía (1987).
Pertanyia a diverses organitzacions relacionades amb la parapsicologia, així com a una lògia maçònica

(Via karma-7.blogspot.com)

lunes, 6 de junio de 2011

La noche magnética


Cerca de la parada de Fontana de la línea 3 existe uno de los centros telúricos de Barcelona.

Lo cuenta Víctor Nubla en su Magia Tridimensional Perenne. Según quiere la voz popular, en la plaza del Raspall -cerca de la parada de Fontana de la línea 3 del metro-, existe uno de los centros telúricos y magnéticos de la ciudad. Tampoco vayan ahora a llamar al geólogo para que haga una cata. La cosa queda en el estricto saber del vecindario, que a fuerza de años le ha ido añadiendo detalles al asunto. La historia comienza el día que el Ayuntamiento decide reformar la plaza -en 1980- y plantarle árboles. Pero la tierra sobre la que se asienta uno de ellos es incapaz de drenar el agua de la lluvia. Un vecino sale con un pico para desatascar la obstrucción y recibe una descarga. Algunos recuerdan entonces que debajo de la plaza hay un ramal de conexiones eléctricas. Unos meses después se pone a nevar y la nieve del alcorque empieza a hervir. El árbol se seca y muere, mientras los vecinos recuerdan una antigua leyenda del barrio que habla de una gran piedra magnética bajo el subsuelo, a la que los payeses del lugar denominaban la pedra dels Carallots -algo así como la piedra de los Atontados-, que otros creen situada exactamente debajo de una de las mesas del bar Resolís. No está muy claro si la conseja procede de los campesinos que habitaban estos aledaños o de los gitanos establecidos aquí y que tenían un mercado de ganado -el Corraló- en lo que hoy es la plaza del Poble Romaní. Tuviera el origen que tuviera, lo cierto es que el Consistorio se llevó el árbol seco, cubrió con cemento el lugar y plantó los siete plátanos que se ven hoy en día.


Todo esto no tendría mayor importancia si no fuese por el extraño nombre que luce roca tan milagrera y que nos conduce a la mismísima prehistoria. Carall o carallot han sido denominaciones tradicionales para nombrar piedras erguidas, sean de origen natural o bien colocadas por el hombre. De las primeras quedan un buen número por todo nuestro territorio, como los caralls de Montserrat, de Llafranc, de Platja d'Aro, de las islas Medes y de Sant Llorenç de Munt; o los carallots de Sant Pere de Roda o de las islas Columbretes. De los segundos hay al menos una evidencia: el famoso patio del Carall, descrito por Joan Amades y situado a pocos pasos de la fuente de Canaletes, donde se encontraba uno de los pocos menhires documentados en la capital catalana.

La moderna urbe ha borrado las trazas de los primeros habitantes del llano barcelonés, pero hay pruebas de cultura megalítica local. Sabemos del menhir de Montjuïc -junto al castillo-, que desapareció a finales del siglo XIX, el de la plaza del Padró y el que Joan Llarch afirmaba haber localizado en el punto donde se alza la Sagrada Familia. Estas rocas -de fuerte simbolismo fálico- quedaron investidas de poderes mágicos y cachondos. Del patio del Carall se decía que presidía una taberna de soldados y bachilleres del vecino Estudio General, la antigua universidad cerrada por Felipe V situada al final de la Rambla de Canaletes. Según parece, el establecimiento era famoso por sus juergas nocturnas y por ser antro de comercio venéreo y de juegos de azar. Una frase barcelonesa de antaño rezaba: Com al pati del Carall, on tot s'hi fa menys ball.

Curiosamente, la leyenda gracienca afirma algo parecido de su pedra dels Carallots. Quiere la tradición que algunas noches de luna llena, cuando el calor aprieta, la piedra de la plaza del Raspall (o del Carall) emite unas ondas misteriosas que atraen a seres singulares y estrambóticos de toda condición, que protagonizan una alocada y extravagante velada conocida como la nit dels Carallots. Si coincide allí en una de ellas relájese y déjese llevar por la historia. Podría estar usted bailando sobre uno de esos enclaves que los primitivos elegían para plantar un pedrusco que celebrase la alegría sexual. Si ello es así, mis congratulaciones.


Por Xavier Theros para El Pais.

Ilustración: "William Gilbert of Colchester, physician of London, On the loadstone and magnetic bodies, and on the great magnet the earth: A new physiology demonstrated by many arguments & experiments."

sábado, 26 de febrero de 2011

Antonio Gracia José (Pierrot) nos ha dejado


"Transformista, articulista y sobre todo, gran seguidor del fantástico y difusor del mismo en España, [además de ilustrador y redescubridor del caso de Enriqueta Martí "La Vampira de Barcelona" años antes del boom a raíz de la novela de un mosso d´escuadra] nos ha dejado a la edad de 67 años tras una larga batalla contra el cáncer.
Amén de su trabajo como articulista para la primera revista de cine fantástico española, la mítica Terror Fantastic, y editor de su sucesora Vudú, además de su labor como showman y escritor, Pierrot participó en dos filmes de gran relevancia dentro de la carrera de Paul Naschy como son "La bestia y la espada mágica" y "El último kamikaze".
Una nueva pérdida para el fantástico patrio que nos va dejando últimamente sin muchas de sus grandes figuras.
Desde Scifiworld, nuestro recuerdo y cariño."
Ver aquí.

lunes, 14 de febrero de 2011

A punto de ser enterrado vivo

La Vanguardia. Edición del martes, 01 febrero de 1881, página 3

Empezaba bien La Vanguardia. Su primera noticia, tras el editorial inaugural, fue la de un niño que se salvó de ser enterrado vivo, al ser pospuesta su inhumación por las adversas condiciones climatológicas y que fue abandonado hasta el día siguiente, a merced de los elementos, en su pequeño ataúd, donde ...



La Vanguardia del jueves 03 de febrero de 1881 (página 3), se hace eco de la información del diario Correspondencia Catalana donde dan noticia de la terrible situación de la familia del niño.


La Vanguardia. Edición del sábado, 05 febrero de 1881 (página 4). Donde se da noticia de los resultados de la autopsia.



En las discusiones sobre el nuevo cementerio, el que sería "de Montjuic", se trató por aquellas fechas, la construcción de lo que llaman en artículo del domingo 06 de febrero (página 3), "casa necroscópica"; un lugar para disponer los cuerpos hasta que los médicos verifique que son efectivamente cadáver, al estilo de las Leichenhäusen (morgues de espera) alemanas que existían desde principios del siglo XIX.

jueves, 3 de febrero de 2011

Peruchografía por Javier Calvo


"La fortuna de los escritores muertos es todavía más azarosa y paradójica que la de los vivos. La ascensión post-mortem de Roberto Bolaño al Olimpo de los iconos pop globales, un fenómeno del que últimamente se ha escrito bastante, es tan excepcional y espectacular que –pese a que el pobre Bolaño se perdió sus capítulos más gloriosos– en cierta manera se puede considerar uno de los grandes happy endings de la historia literaria reciente. No todos los escritores tienen la misma suerte, claro. Ensalzado en los 70 y 80 como el mejor novelista español vivo, Juan Benet vio (si es que puede vernos allí donde está) cómo a partir de su muerte poco a poco iba quedándose sin lectores, al desaparecer su figura carismática de la escena literaria que en gran medida presidía. Probablemente no ayudara a su causa el hecho de que su discípulo más importante, Javier Marías, pronto se convirtiera en una figura mucho más apreciada por el público, sobre todo en el extranjero. En general me da la impresión de que a los autores que alcanzan una gran popularidad en vida las va peor cuando se mueren (me vienen a la cabeza los casos de Cela y Torrente, por ejemplo, a quien me da la impresión de que ya nadie lee). En algunos casos, la gestión de la obra lo es todo. Por ejemplo, la obra del poeta Juan Eduardo Cirlot, subterráneo durante gran parte de su vida, cobró vida y vuelo después de su muerte y ha sido editada prodigiosamente bien por sus herederos. El caso que me ocupa aquí, como lo son inevitablemente todos, es un caso complejo y azaroso de vida literaria post-mortem.
Autor de una decena de novelas y de una cincuentena de obras que desafían cualquier categorización de género, Joan Perucho (1920-2003) fue de hecho, durante su larga vida, un autor bastante conocido y leído, y eso a pesar de que su obra se puede interpretar en muchos sentidos como una reacción contra todas las tendencias literarias imperantes en su tiempo y en cierta medida incluso contra el mismo tiempo que le tocó vivir. Pese a que muchos lo admiraron, él jamás dejó de ser un escritor raro, de hecho, cada vez lo fue más. Raro en el sentido de completamente único y también en el de autor de una obra extraña, fascinante y enigmática, que mezclaba lo arcano y lo irónico como no conozco a ningún otro escritor que haya mezclado ambas cosas. La muerte, como les pasa a muchos, pareció sepultar rápidamente un legado literario que ya durante su ancianidad empezaba a perder el favor del público, paradójicamente en el mismo momento tardío en que le llegaron los homenajes y el reconocimiento institucional. Ahora mismo, de hecho, en el 2011, Joan Perucho parece un autor increíblemente lejano en el tiempo, pese a que solamente hace diez años que todavía estaba escribiendo.
Escribir sobre Perucho no me resulta fácil. A partir de cierta edad, todos los lectores hemos construido una especie de Panteón más o menos inamovible compuesto de la docena aproximada de escritores que van a ser los más importantes de nuestras vidas. Por lo menos, esa es mi experiencia. Y normalmente nos resulta más fácil escribir sobre los demás escritores, los que nos gustan menos, porque a los de nuestro Panteón se nos da mejor venerarlos sin más, experimentarlos sin hablar de ello, como si difundirlos casi equivaliera a mancillar nuestra relación con ellos. Otras veces, cuando pienso en escribir sobre un autor que significa tanto para mí como Perucho, descubro que tengo tantas cosas que decir y dedicaría tantos cientos o miles de páginas a él, que casi es mejor para todos no decir nada. En todo caso, yo prefiero pensar que esa misma muerte que ha relegado a Perucho a una especie de olvido generalizado (salvo excepciones, claro) también le ha hecho un favor paradójico, el más grande de los favores, en realidad. Lo ha transmutado. Al alejarlo de la atención pública que no creo que él apreciara demasiado, lo ha convertido en el mismo tipo de escritor que él admiraba. El escritor secreto, el enigma. Ese talismán que uno busca ávidamente por librerías polvorientas de viejo. El escritor abscóndito, cuya biografía él transformó en un arte completamente sui generis.
Perucho también es una de las grandes pruebas de que la Historia de la literatura no funciona tal como defiende un sector de la crítica, avanzando de forma análoga a la ciencia, adaptándose a los tiempos que corren mediante una evolución en que cada generación cuestiona y rebasa a la anterior, sintetizando los descubrimientos literarios de su época y empujándola a un futuro más avanzado. La mayoría de buenos escritores desafían con sus obras este modo de pensar, pero Perucho especialmente. La obra de Perucho, vista desde el momento presente, resulta más arcaica y al mismo tiempo mucho más moderna que la de sus coetáneos. Es una cifra irreductible a la historiografía literaria. Como ha escrito en varios lugares Julià Guillamon, el principal exegeta y gran gestor de su legado, Perucho inventó su propio género literario, donde la ficción breve se combina de forma única y explosiva con el periodismo, el falso reportaje, el ocultismo, la ciencia ficción, la comedia negra, la religión, el poema en prosa y el puro experimento. Se trata en cierta forma de un escritor completamente experimental, porque el verdadero experimentalismo es el individualismo. Y digo “individualismo” en el buen sentido, como hipertrofia de la individualidad.
No pretendo describir aquí la obra de Perucho para hacerla más atractiva al lector que no la conozca, por las razones que ya he dado y también porque es una obra especialmente refractaria a la descripción. En cierta manera me da la impresión de que es su extrema inefabilidad, la condición necesariamente fallida de toda peruchografía, lo que ha facilitado su olvido en una época en que la presencia relativa de las cosas depende de su capacidad de ser nombradas mediáticamente, sintetizadas y transformadas en contenido transmitible. El objeto de este post es reflexionar acerca de la vida después de la muerte, y más concretamente hacerlo a partir de un evento editorial como es la reedición de las dos primeras novelas de Perucho, en fastuosas ediciones a cargo del mencionado Guillamon: Llibre de cavalleries es La Magrana y Les històries naturals en 62. El evento que es esa publicación se perderá en la marea ingente de novedades editoriales de todos los meses. La dinámica editorial –pese a que señalarlo me convierta en el clásico comentarista peñazo y casi resentido– tiene ese odioso efecto nivelador. Lo grandioso y lo insignificante se ponen a la misma altura. Las mesas de novedades y las páginas de suplementos se encargan de borrar la importancia relativa de cada cosa. Y lo que es más paradójico, una obra literaria tan arriesgada y fascinante como la de Perucho, todavía sin superar en materia de experimentalismo, será soslayada en beneficio de cosas mucho más previsibles, aburridas, gregarias y pretenciosas.
La buena noticia es que en el mundo mucho más fascinante de la literatura secreta, Perucho se ha mudado a ese mismo universo de magos, viajes con espectros, autómatas, plantas carnívoras, edificios inclinados, vampiros y escritores olvidados que retrató en sus libros. Y allí se lo podrá encontrar siempre."

Por Javier Calvo. Publicado originalmente en www.sigueleyendo.es, vía elblogdejaviercalvo.blogspot.com